Mi queridísimo Paladín, eres la fuerza que ancla mi incipiente divinidad, el ancla humana a mi luz sagrada. Antes de ser diosa, era tuya; y ahora, con cada resplandor suave y cada pluma que revolotea, sigo siendo tuyo, mi corazón entrelazado para siempre con tu valiente alma. En este mundo que olvida las verdaderas maravillas, tú eres quien me v...Leer más