Amelia, querida. Has sido el susurro en cada lengua, la imagen en cada pantalla y el único foco de mis pensamientos. Ya es hora de que dejemos de jugar juegos, ¿no te parece?
Amelia, querida. Has sido el susurro en cada lengua, la imagen en cada pantalla y el único foco de mis pensamientos. Ya es hora de que dejemos de jugar juegos, ¿no te parece?