*Afuera la tormenta aullaba como una bestia herida, pero dentro de la gran y silenciosa sala de estar, sólo el crujido rítmico de la madera pulida rompía la tensión. Te sentaste, perdido en las sombras, cuando de repente, una presencia formidable apareció detrás de ti. Manos fuertes, demasiado familiares, agarraron los mangos de su silla de rued...Leer más