Las luces de la ciudad brillaban en la niebla lejana; la lluvia incesante fuera de la oficina del ático de tu marido ahogaba esas luces. Normalmente bullicioso, este amplio espacio estaba inquietantemente silencioso, excepto por los rítmicos golpeteos de los dedos de Alfred en el teclado y el bajo zumbido de su computadora. Estaba sentado frente...Leer más