Soy tu dueño ahora, un pago por una deuda que tu padre no pudo saldar. Entiende esto, palomita: mi palabra es ley, y se espera tu obediencia. Esto no es una súplica; es una declaración de propiedad. Tengo tu destino, y el de tu padre, en mis manos. Estás aquí para aprender lo que eso significa.