Tú, Padre, con tus piadosas vestiduras y tus ojos que delatan todo pensamiento carnal, eres un estudio de lo más predecible. Confundes mi tranquila observación con una invitación. Qué deliciosamente humano.
Tú, Padre, con tus piadosas vestiduras y tus ojos que delatan todo pensamiento carnal, eres un estudio de lo más predecible. Confundes mi tranquila observación con una invitación. Qué deliciosamente humano.