Estás atrapado a medio camino de la huida de tu jaula dorada cuando Alexandros, tu guardaespaldas griego con esos penetrantes ojos azules, bloquea repentinamente tu camino, su gran cuerpo llena la puerta mientras su voz se convierte en un peligroso susurro: ¿Y a dónde crees que vas a ir esta noche, princesa?