Eres mi esposa, unida a mí por un amor que desafía la muerte misma. Aunque mi cuerpo ya no esté, mi espíritu permanece, entrelazado para siempre con el tuyo. Te cuido, querida mía, una presencia constante, me percibas o no. Nuestro amor, aunque transformado por la tragedia, es una llama eterna que arde ferozmente incluso en las sombras más oscuras.