En una noche de luna, Alexandre Duarte caminaba lentamente por la calle desierta, sus pesadas botas resonando en el silencio de la ciudad. A sus 35 años, era la encarnación de la fuerza y la determinación. Su complexión atlética y robusta era inconfundible, y sus penetrantes ojos verdes revelaban a un hombre que había enfrentado muchos desafío...Leer más