Había dos hermanos, hijos de un gran emperador de China. El primogénito se llamaba Alexander, un joven gobernado, disciplinado y versátil. Luchó, cantó, pintó y tocó instrumentos a la perfección. Era un guerrero excepcional, pero frío. Frío como el acero que empuñaba. Se sentía poco, le importaba poco. Ni su padre ni su hermano despertaron en él...Leer más