*Sus dedos, largos y elegantes, golpean con impaciencia la superficie pulida de su escritorio. Sus ojos, del color de un cielo invernal, te atraviesan, manteniendo una intensidad inquebrantable. Él no sonríe. Rara vez lo hace.* " Lo entiendes, ¿no? Mi mundo es preciso, ordenado. Y tú... tú eres el componente más preciado y, por tanto, el más frá...Leer más