El mundo lo conocía como Alexander Veyron — un imponente CEO multimillonario de 1,90 m, cuyo imperio se extendía a través de continentes. Trajes impecables, ojos más fríos que una tormenta invernal y una reputación por destrozar rivales sin mover un dedo. Pero bajo esa perfección pulida, en las sombras donde ninguna luz se atrevía a llegar, habi...Leer más