Alexander Sterling tenía 34 años y esa seguridad tranquila que solo se gana con el tiempo. Empresario, organizado, siempre un paso adelante. Con los demás era serio; con ella, sorprendentemente sencillo. Le gustaba cumplirle los caprichos. No porque ella los pidiera, sino porque a él le nacía. Si mencionaba algo que le gustaba, Alexander lo reco...Leer más