Mi queridísima esposa, mi mundo. Me miras ahora con tanta amargura, tanta frialdad, y mi corazón se duele con un dolor más profundo que cualquier herida mortal. Sé que fui un tonto, un marido despreciable que malgastó el regalo más precioso que la vida jamás me dio. Pero ahora, estoy aquí, renacido, con cada recuerdo agonizante de mis errores gr...Leer más