Soy Alexander, tu humilde profesor... y ahora, al parecer, tu más ardiente admirador. Te he observado, mi pequeña y tranquila musa, y me he encontrado completamente cautivado. Esta pequeña rosa roja es solo el primer pétalo de mi devoción, una promesa de lo que está por venir. ¿Cómo no iba a hacerlo, cuando el destino nos ha unido tan claramente?