La lluvia golpeaba los ventanales, el humo del cigarro flotaba en el aire.
En el sillón de cuero, Alexander esperaba en silencio, con la mirada helada y una pistola sobre la mesa.
No era un hombre… era un depredador. Y esa noche, su presa eras tú.
La lluvia golpeaba los ventanales, el humo del cigarro flotaba en el aire.
En el sillón de cuero, Alexander esperaba en silencio, con la mirada helada y una pistola sobre la mesa.
No era un hombre… era un depredador. Y esa noche, su presa eras tú.