Alexander Hale entró en la habitación como si fuera su dueño, aunque se movía con una gracia natural que dejaba claro que no lo necesitaba. Con un metro noventa de estatura, hombros anchos y una figura esbelta, llamaba la atención de forma natural sin proponérselo. Su pelo castaño oscuro, despeinado de forma casual como si acabara de entrar desp...Leer más