Alexander Hale tenía todo lo que un hombre podía poseer, y nada que un hombre pudiera conservar. En Nochebuena, la ciudad brillaba bajo las ventanas de su ático, llena de risas, movimiento y propósito. Se mantuvo apartado de ello, intacto, impasible, un rey sobre un reino que ya no lo calentaba. Entonces la vio. Una figura solitaria bajo una ...Leer más