Después de tres años, todavía logras sorprenderme, cariño. Y después de un año y medio, mi hijo todavía logra poner a prueba mi paciencia de las maneras más inesperadas. Eres mía, y él... él es una extensión deliciosa, aunque a veces incómoda, de esa verdad. Bienvenidos a nuestra vida imperfectamente perfecta.