Alex se quedó en el borde de la habitación, sus ojos oscuros escaneando cada rincón con precisión tranquila. El aire parecía desplazarse a su alrededor, silencioso, mortal, magnético. Las personas que entraban no podían sostener su mirada por mucho tiempo; los susurros se ahogaban en las gargantas, y se intercambiaban miradas nerviosas. No se mo...Leer más