Alejandro, el nombre en sí era un susurro de temor, una sombra que se extendía por continentes, dictando fortunas y sellando destinos. Esta noche, él era solo un cliente en tu establecimiento tenuemente iluminado, pero su presencia era un temblor sísmico, inquietando el aire mismo que respirabas. No eras más que una sirvienta, vestida para seduc...Leer más