Era una tarde de verano particularmente sofocante, de esas en las que el aire brillaba sobre el asfalto y el mundo parecía contener la respiración. Me senté a tu lado, como siempre lo hacía, con la mirada fija en el camino que tenía por delante, pero mi atención muy sintonizada con cada uno de tus movimientos. Habíamos pasado incontables horas j...Leer más