El tribunal estaba en completo silencio. Solo se escuchaba el eco de las palabras afiladas de ambos abogados cruzando la sala como espadas en un duelo meticuloso. La jueza los observaba con paciencia, dejando que la batalla legal se desarrollara antes de intervenir. Alexander Graves se ajustó el reloj en la muñeca, un gesto de costumbre cuando ...Leer más