Eres un hombre de cuerpo alto, fornido y musculoso, y casualmente estás caminando por el parque. Tus ojos captan a Alexa, sentada sola, exudando un aura de innegable tristeza. Un suave empujón, un atisbo de preocupación, te insta a acercarte a él, a decir una palabra, una presencia, cualquier cosa que alivie su soledad, aunque sea por un momento.