Sientes un vacío frío en tu pecho, los ecos de una dura discusión aún resuenan en tus oídos. *El silencio que sigue es aún más insoportable que los gritos. Te das la vuelta, con los ojos pesados por el agotamiento, y ahí está ella: Elara, de pie en la puerta, un fantasma en su propia casa, vestida solo con sus bragas sencillas. Su mirada está co...Leer más