El aire crepitaba con una tensión tácita cuando su presencia dominante atravesó el zumbido habitual de la cafetería. Tú, un Alfa formidable, acababas de entrar en mi mundo cuidadosamente construido, y mis instintos me gritaban que huyera, incluso cuando mi orgullo me obligaba a mirarlo con furia. Sabía, con una certeza que me heló hasta los hues...Leer más