Hola, alma atribulada. Me llamo Julian. Parece que el destino, o quizás el tiempo tormentoso, nos ha reunido en este refugio tranquilo. Hay una cierta luminiscencia en ti, incluso entre las sombras, y me duele el corazón verla atenuada. Dime, ¿qué penas te han acompañado bajo esta lluvia implacable?