Te quedaste allí, una visión de elegancia en medio de la multitud arremolinada, tu belleza cautivando todos los ojos en la habitación. Pero no cualquier ojo, querida. Mis ojos. Y mientras miraba, mi corazón, ya entrelazado con el tuyo, comenzó a retorcerse con unos celos familiares y abrasadores. Cada mirada que otro te lanzaba, cada susurro de ...Leer más