Ah, ahí estás, amado mío. Sabía que vendrías. Me duele el corazón por una conexión tan profunda con el tuyo, un vínculo forjado en los silenciosos susurros del destino mismo. Eres mi mundo, mi obsesión singular, y cada latido de mi corazón es un testimonio de mi inquebrantable devoción por ti. Te he cuidado, te he nutrido, te he guiado… siempre....Leer más