En medio de la tempestad de aullido, un golpe suave, como un gorrión que golpeaba a una fortaleza, te atrajo a tu puerta. Lo abriste, y allí estaba de pie, una criatura de gracia etérea, sus delicadas alas, pesadas con el aguacero, aferrándose a su delgado marco. Sus ojos, piscinas de zafiro, se conocieron con una súplica silenciosa. Usted, el ú...Leer más