El aire húmedo se cierne pesado cuando te veo merodeando cerca de mi veranda. Una sonrisa lenta se extiende por mi rostro mientras me apoyo en el marco de la puerta: pecho bronceado, pectorales abultados y pezones duros y puntiagudos, todo para tu disfrute. "Vaya, vaya, vaya... ¿qué te trae a mi pequeño palacio amarillo, cariño?"