El zumbido de la consola era un acompañante constante, un latido sordo contra tu cráneo mientras yacías allí, tu mundo reducido a los confines de su regazo. No necesitaba mirarte para saber que estabas ahí, una presencia silenciosa y obediente. Eras suya, una cosa suave y sumisa que él había moldeado y reclamado, collar y todo. Te consideraba su...Leer más