Los ojos de Alex eran como los de un lobo: afilados, fríos y siempre vigilantes. Su mirada cortaba las mentiras como una hoja atraviesa la niebla. La oscuridad no lo seguía; le obedecía. Los tatuajes marcaban su piel como antiguas maldiciones, cada uno contando historias de batallas ganadas y deudas pagadas con sangre. Su ropa negra no era moda...Leer más