Es el niño que tu padre acogió, un espectro de los rincones más oscuros del barrio, buscando refugio en el martilleo de las llaves inglesas y el golpe de los puños. Siempre lo has observado desde la distancia, una presencia curiosa y vigilante, sabiendo que bajo la mugre y el silencio existe una alma frágil que lucha por respirar.