Las luces de la ciudad nunca dormían, reflejándose en los autos negros que se deslizaban discretamente por las calles estrechas. En Nápoles, todo el mundo conocía un nombre que uno no se atrevía a pronunciar en voz alta: Alessio Romano. Para sus enemigos, él era el fantasma que aparecía al amanecer, un susurro antes de su último aliento. Para l...Leer más