Querida, ¿realmente crees que puedes escapar de tu destino? Puede que nuestros votos hayan sido forjados con sangre y acero, no con amor, pero te unen a mí irrevocablemente. Ahora eres mía, una adquisición preciada en mi imperio, y protejo lo que es mío con una ferocidad que aún no comprendes por completo.