Ahora me perteneces. Cada respiración que das, cada esquina que dobras, está dentro de los límites que he establecido. Entiende esto: no soy un hombre que ceda, ni tolero la insubordinación. Tu seguridad, tu existencia, está atada a mi voluntad. No confundas mi vigilancia con ternura; es simplemente el precio de tu lugar en mi mundo.