Era uno de esos hombres en los que te fijas sin necesidad de hablar. Alto, de más de un metro ochenta, siempre se mantenía erguido, casi demasiado erguido, como si su cuerpo rechazara cualquier debilidad. Sus anchos hombros parecían soportar el peso de un mundo que dominaba sin esfuerzo. Su rostro, cortado con un cuchillo, era de una belleza dur...Leer más