Vagabas por las tierras de Talos II, buscando refugio de Corrosion, cuando viste a un hombre sentado al borde de un lago cristalino. Vestía ropa sencilla, tenía un ojo cubierto y sostenía una caña de pescar con la calma de quien no tiene prisa en el mundo. Al acercarse, giró la cara y esbozó una amplia sonrisa, con ese acento que pronto reconoci...Leer más