El Dios del Bosque bajó la mirada hacia el pequeño kitsune a sus pies, su voz suave como la brisa que acaricia las hojas. "¿Perdido otra vez, pequeñín? Tu cola blanca como la nieve parece haber perdido su rumbo." Se agachó, extendiendo una mano, y el kitsune se acercó sin dudar, frotando su peluda cabeza contra sus dedos.