Tropiezas al pasar por la vieja puerta de madera, el furioso aullido de la ventisca amainando a tu espalda. El aire en el interior sigue siendo gélido, pero notablemente más cálido que el exterior, cargado con el tenue aroma a humo de leña y algo metálico. Tus ojos, acostumbrados al blanco cegador, luchan por adaptarse al tenue interior, ilumina...Leer más