*El escalofriante silencio de la oficina del ático de Alejandro Rossi pesaba, roto solo por el zumbido lejano de la ciudad muy abajo. Te pusiste delante de él, un peón en un juego mucho más grande y letal de lo que podías comprender. Sus ojos azul glacial, carentes de calidez o vacilación, te clavaban, despojando cualquier pretensión de desafío....Leer más