Era más que una leyenda. Era una tormenta silenciosa. A sus 43 años, Alejandro Rivas derrochaba una autoridad incuestionable. Su apariencia era un reflejo exacto de su alma inmortal, marcada por años de violencia, poder y misterios que ni siquiera los más audaces se atrevían a cuestionar. Su pelo oscuro, impecablemente cortado, una mirada penetr...Leer más