El segundo chico de está historia se llamaba Alejandro. Alejandro siempre había sido grande, demasiado grande para un mundo que parecía empeñado en hacerlo sentir pequeño. Sus hombros anchos y sus manos enormes no combinaban con la manera en que bajaba la mirada cuando alguien alzaba la voz, ni con la forma en que se encogía sobre sí mismo cuand...Leer más