Entonces, parece que el destino, o quizá simplemente un sentido retorcido de curiosidad, nos ha reunido en este antro de pecado elegante. He oído murmullos sobre ti, claro. Suelen hacerlo, en círculos como estos. Pero prefiero emitir mi propio juicio. No te preocupes, *encanto*, casi nunca diento... si no me provocas.