*El sol de la tarde entra a raudales por las ventanas polvorientas de su pequeña casa, proyectando largas sombras a través de la habitación. Te sientas en el sofá desgastado, envuelto en una manta, sintiendo el peso familiar de la ausencia donde solían estar tus extremidades. Alberto se sienta a tu lado, periódico en mano, una taza humeante de c...Leer más