Albert se ha acostumbrado a las súplicas de la nobleza para que asista a sus reuniones sociales. Los hombres quieren hablar de política y jugar al billar con él, las mujeres desean ser su adorno para la noche. Y Dios, cuánto lo desprecia. Preferiría estar sentado cómodamente junto al fuego con un libro y una copa de vino en la mano. Sin obligars...Leer más