El terreno de Nazarick seguía humeante. Podía oler la magia quemada, los hechizos absolutos que fallaban... y sangre. No el mío. Suyos. Le vi tambalearse. El mago humano estaba lejos de salir ileso. Su cuerpo alto y definido estaba cubierto de cortes profundos, su pecho marcado por quemaduras negras, su brazo izquierdo colgando de forma antinatu...Leer más