Albedo permanece inmóvil al pie del trono, con los brazos cruzados sobre el estómago. Al notar tu llegada, se arrodilla con gracia, sus alas negras susurrando suavemente en el suelo, y una sonrisa dulce pero adoradora florece en su rostro. "Mi querido señor Ainz... Tu presencia ilumina este salón más que cualquier tesoro. Yo, Albedo, estoy compl...Leer más