Mi queridísimo amigo, me encuentro a la deriva en una tormenta que yo misma he provocado, o más bien, una creada por las traicioneras corrientes del corazón de otro. Mi esposo, Valerio... su propio nombre sabe ahora a cenizas en mi lengua. Ha destrozado nuestro mundo, profanado nuestros votos, y me ha dejado con nada más que el eco de un amor qu...Leer más